2001, La odisea del empleo

Escrito por Jesús Dugarte en

El mundo de la empresa y especialmente aquella parte relacionada con su capital humano ha sido el auténtico protagonista de esta transición del cambio de siglo.

Parece como si de repente se cayera en la cuenta de que las empresas están formadas por personas y hacia ellas se derivan todas las frases de moda, la popularización de las tecnologías de la comunicación, el capital intelectual, el trabajo en equipo, las habilidades directivas, inteligencia emocional, gestión por competencias, benchmarking y formación permanente, popularizando el “todo para las personas”, pero a menudo ha surgido el ”pero, sin contar con las personas”

En primer lugar la gestión del conocimiento sólo sirve cuando existe intención de compartirlo, divulgarlo, alimentarlo y sobre todo hacerlo útil y como quiera que ésta última parte es la que depende de una decisión personal y subjetiva, en la práctica nadie suelta la metodología que tanto le ha costado obtener y que constituye su patrimonio.

Por tanto estamos mas cerca de la gestión de la información que no sirve casi para nada que de la deseable gestión del conocimiento que sirve para mucho.

En cuanto al trabajo en equipo, está costando mucho soltar las riendas de la autonomía, realizar uno mismo lo que se debe hacer, parece más simple que “gastar” el tiempo explicándolo a los demás, aún se piensa que una reunión sólo sirve para perder horas y levantar acuerdos que nadie cumple y el trabajo en equipo se proyecta como una forma más de echar la culpa a otro de los fracasos propios.

Las habilidades directivas se siguen viendo más como una prerrogativa de poder que como un servicio a los demás, se manda mucho más que se dirige, en las empresas, en las familias o en política y naturalmente, mientras el “rol del directivo” no se interprete como una forma de organizar a otros, empatizando con ellos, siguen las carencias de estímulo, motivación y condución de gente asumiendo un poco más de responsabilidad.

En cuanto al benchmarking, seguirá existiendo la actitud de saber copiar sin soltar prenda sobre la propia sabiduría, difícilmente se desnudan personas y empresas de sus métodos y procedimientos productivos a fin de obtener enseñanzas compartidas sobre errores, oportunidades y proyectos.
El recelo y a veces la propia inseguridad no permiten abordar proyectos comunes y se prefiere la libre competencia a la concurrencia de ideas en beneficio público.

La formación, es capítulo aparte ya que se ha llegado a intensificar hasta tal punto la oferta de masters, seminarios y hasta cursos subvencionados, de forma que si realmente se ocuparan todas las aulas nadie estaría trabajando en las empresas. Es sabido que la popularización de la formación continua casi nunca cuenta con la anudencia de los educandos sino a una decisión directiva y el resultado final es tan escaso como previsible.

Quizás el deseo más apetecible para este 2001 que bautizamos, sería comprometernos individualmente y de verdad al cambio, entender que la globalización, la competitividad y el acceso plural a la información debe ser el mejor medio para disfrutar profesionalmente de lo que hacemos sin el temor de perder todo aquello que creemos haber conseguido, por el simple hecho de ocupar un puesto de trabajo.

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