Nuevos Diccionarios para Aprender Lenguaje Universal

Escrito por Jesús Dugarte en

Estamos siendo partícipes de la llegada de una nueva sociedad. Una sociedad virtual orientada al conocimiento compartido, intercambiable, transable. Una sociedad donde estamos estableciendo comunidades para la creación sistemática de conocimiento.

Las nuevas sociedades traen consigo todo nuevo: valores, principios, mitos, creencias, hábitos, estructuras, procesos, recursos, capitales, tecnología; y también un lenguaje. Un lenguaje que crea nuevos contextos signados por la virtualidad. Ese lenguaje es distinto al que venimos usando y sus medios físicos de captura y expresión se traducen en nuevas formas de diccionarios, enciclopedias, glosarios, thesaurus, vademécum. Es con base en ellos que, en la nueva sociedad se están estructurando las nuevas formas de organización del trabajo y en definitiva de comunicarse, manejarse, compartir y vivir.

En la sociedad mundial emergente, el conocimiento se constituye en una forma de capital a la que se aspira controlar para generarlo, recibirlo, trasmitirlo y distribuirlo multi-sensorialmente apelando a cada sentido: mente, oído, visión, olfato, tacto y sabor.

Es en este contexto, que emerge la Ingeniería del Conocimiento, como disciplina para la creación de los sistemas que hacen posible la administración productiva del conocimiento como forma de capital. Desde esta perspectiva, los términos o componentes primarios del acceso a cada sentido, se estructuran en lenguajes (musical, visual, textual, táctil, etc) que posibilitan almacenar el conocimiento en repositorios, bancos o bases denominados diccionarios o enciclopedias. En estos nuevos diccionarios los elementos constitutivos se expresan de manera simbólica y no sólo con el recurso de los signos, característicos del lenguaje escrito tradicional. Ello permitirá desarrollar a niveles impredecibles el potencial denotativo y connotativo de los lenguajes cuando, por vía de las redes computarizadas, podamos transmitir no sólo la descripción de experiencias, sino las experiencias mismas.

Cuando por primera vez nos encontramos trabajando con un software de escritorio, en algunos momentos nos damos cuenta que estamos interactuando sólo con botones, íconos, representaciones gráficas; cada vez menos usamos palabras ni números para accesar conceptos y procedimientos.

Cuando aprendemos, una de las primeras cosas de las cuales nos preocupamos es de entender los términos, vocablos, conceptos de naturaleza alfanumérica digital de la materia que deseamos conocer. Es decir vamos construyendo nuestro propio glosario que se enriquece cuando lo acompañamos de un medio, generalmente bidimensional (dibujo, gráfico, cuadro, diagrama, foto; etc.) como se presentan en los diccionarios o enciclopedias. Es decir, vamos haciendo un viaje progresivo del plano perceptual al plano cognitivo consciente.

Las nuevas enciclopedias cada vez más, incluyen medios no textuales como audio (voces, música, efectos especiales), video, animación. A éstas las estamos llamando “enciclopedias multimedia”, tal como el Encarta‘ de Microsoft‘. Estas enciclopedias, con el desarrollo de la tecnología de la realidad virtual, pronto incluirán otros medios tales como: olor, el sabor y la percepción táctil. Las enciclopedias serán portadoras de experiencias y se constituirán en Universos Virtuales de enseñanza nos parecerán Reales y una vez más deberemos preguntarnos: ¿Qué es la realidad?. Nos traerán el mundo que queremos aprender, serán laboratorios de ensayo y pruebas casi iguales a la realidad. ¿Acaso, no estamos cerca de que esto ocurra así?

La enseñanza está dejando de ser un problema de productos y servicios para convertirse en un tema de experiencias y actividades. El estudiante está dejando de ser un receptáculo para transformarse en un agente activo de su autoformación y ello no sólo incluirá conocer nuevos mundos sino, también crearlos.

En un teatro o cine, los actores que protagonizan una obra son presentados en orden alfabético, en orden de aparición o se exponen los retratos sin nombre de ellos sobre todo cuando son conocidos.

Una característica de las enciclopedias tradicionales es el tipo de orden que usan para colocar a los conceptos dentro de la obra. Estamos acostumbrados a que los términos tengan un orden alfabético o tal vez alfanumérico, es decir primero los términos que empiezan con la letra A, luego los de la B; etc.
Otro orden, menos acostumbrado, es el denominado temático, en donde se presentan los términos “en orden de aparición” del tema, primero aquellos referidos a los conceptos primarios o raíz, luego a los conceptos secundarios o derivados, y así sucesivamente. Estos tipos de enciclopedias tienen un acceso único, hay una sola manera de efectuar la indización de sus términos.

Estos diccionarios al ser altamente normativos restringen el potencial creativo e innovador que necesariamente debe estar asociado a la creación de conocimiento: es difícil crear a partir del Diccionario de la Lengua Española, pero si es posible hacerlo a partir de la experiencia y de los contextos creados por el uso cotidiano del lenguaje natural.

0 comentarios: